jueves, 10 de diciembre de 2020

Incentivos a la filantropía México – España

Columna publicada en El Sol de México en diciembre de 2020.

Las crecientes aportaciones financieras de la filantropía a proyectos globales de desarrollo constituyen genuinas acciones de cooperación internacional por parte de actores privados. No obstante, en el caso de España y México, los donantes privados no cuentan con incentivos fiscales para deducir de impuestos las donaciones internacionales que destinan para realizar estos proyectos, si éstos tienen lugar en el otro país (a diferencia de lo que ocurre en la donaciones privadas entre México y Estados Unidos, por ejemplo, y entre otros países). 

En España, durante 2019, las fundaciones empresariales ejecutaron alrededor de 3,600 proyectos de desarrollo con un presupuesto de más de 560 millones de euros (de los cuales entre el 50% y el 60% fue capital privado) en 105 países, mientras que México –según la OCDE– se ha posicionado como uno de los nueve principales países que más aporta a la filantropía, con proyectos que –según lo reportado por el Centro Mexicano para la Filantropía (CEMEFI)– han alcanzado cifras de 188 millones de pesos en territorio nacional y 4 mil millones de dólares de proyectos del sector filantrópico mexicano al mundo. 

Ante esta creciente tendencia de flujo de recursos económicos privados –cada vez más común y más utilizada– conviene diseñar e instrumentar mecanismos para lograr que ese flujo sea eficiente, regulado fiscalmente y, a su vez, que sirva como incentivo a las actividades filantrópicas para la concreción de más y mejores proyectos de cooperación al desarrollo en favor de la humanidad. De esta forma los donantes no se verían en la necesidad de recurrir a sociedades vehículo para poder realizar sus proyectos en otros países distintos a los de su nacionalidad (o dejar de donar por no poder deducir) y, por otro lado, los Estados podrían cumplir con sus compromisos asumidos en foros internacionales sobre cooperación internacional en cuestiones tributarias, al permitir deducir en su propio país las donaciones, aun cuando el destino de éstas últimas no sea el propio país de su origen. Diversos estudios empíricos de sociólogos, economistas y de otras disciplinas demuestran que los contribuyentes responden al beneficio fiscal (after-tax price of giving). Es decir, se incrementan las donaciones si el incentivo fiscal aumenta y decrecen si éste disminuye.

La solución –que consiste en adecuar los marcos jurídicos nacionales e internacionales para resolverlo– es justificable teóricamente desde la perspectiva de la cooperación internacional y desde la perspectiva jurídica, pues los Estados no están instrumentado el mandato de financiamiento al desarrollo al que se comprometieron en Addis Abeba para instrumentar acciones en materia de cooperación internacional en cuestiones tributarias y lograr así los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030, siendo la única solución posible hasta ahora que los donantes recurran a sociedades vehículo y donaciones indirectas ((i.e. Trasnational Giving), para lograr lo que sus regulaciones nacionales e internacionales no les permiten hacer, a diferencia de lo que ocurre en las donaciones entre otros países. Esta situación, que se ha presentado recurrentemente en Europa y sobre la cual se ha pronunciado el propio Tribunal de Justicia de la Unión Europea (v. Missionswerk, Persche, y Stauffer) a y el pronunciamiento de la Dirección General de Tributos de España mediante una consulta vinculante (V4673-16) pone de manifiesto que es necesario regular y legislar lo conducente.

La consecuencia natural sería que al existir una regulación que lo posibilite, se obtendría un mayor control sobre los flujos financieros de actores privados destinados a la cooperación internacional, reduciendo así el riesgo de prácticas que podrían ser contrarias a derecho; se garantizaría la transparencia en esas operaciones y se dotaría de certidumbre y credibilidad a los donantes, a los donatarios, y al propio sistema de cooperación internacional. Desde la perspectiva tributaria, las agencias tributarias de ambos países tendrían un mayor y mejor control del flujo de los recursos financieros de capitales trasnacionales.

Desde la perspectiva empresarial, las corporaciones multinacionales y las fundaciones empresariales se verían incentivadas al contar con un esquema que permita dar cumplimiento a sus objetivos de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) y a su inserción dentro del sector privado como coadyuvantes en la consecución de los ODS. Sería ideal contar –en un futuro– con un esquema en el que cada proyecto de inversión extranjera directa desarrollado en el otro país, cuente con un proyecto de desarrollo aparejado a dicha inversión, financiado filantrópicamente y en beneficio de la comunidad en donde se desarrolle. Esto constituiría un genuino aporte por parte del sector privado a la cooperación internacional para el desarrollo, en cumplimiento de sus objetivos de RSC. 

Desde la perspectiva de la relación bilateral, cobra relevancia en virtud del enorme potencial de crecimiento que han venido experimentado las relaciones México – España en todos los ámbitos, particularmente el económico, por lo que los incentivos fiscales a la filantropía entre ambos países contribuirían a fortalecer la relación entre ambos países.

miércoles, 15 de enero de 2020

México - Minnesota | Una relación de enorme potencial

Columna publicada en El Heraldo de México en enero de 2020.


El Consulado de México en Saint Paul, Minnesota es fundamental para impulsar oportunidades comerciales, integración económica e internacionalización de empresas mexicanas

Minnesota, el estado (por su amplia población de origen escandinavo), alberga una economía potente y guarda una profunda relación comercial con nuestro país. Aunque en México poco se conoce, en 2019 la lista de las Fortune 1000 incluyó a 24 empresas minesotanas 18 de ellas están presentes en México: 3M, Cargill, General Mills, Best Buy; Polaris, CH Robinson, Medtronic, por mencionar algunas. México es, además, el segundo destino de las exportaciones de Minnesota y funge como una suerte de enclave para la relación económica entre Mexico-Estados Unidos y Canadá.

La IED en ambas vías ha sido de relevante valor agregado: La Costeña obtuvo en 2018 el reconocido premio "Project of The Year" otorgado por la Economic Development Association de Minnesota, por la integración de su cadena de suministro en su planta de Minnesota. Por su parte, 3M a través de sus Centros de Innovación y Desarrollo Tecnológico en San Luis Potosí y CDMX, ha desarrollado casi 500 patentes en sus 72 años en México.

México le exporta maquinaria, equipos médicos y ópticos, dispositivos eléctricos, autopartes y otros suministros. Seis grandes empresas mexicanas están presentes en Minnesota: La Costeña, Gruma, Bimbo, Grupo Cementos de Chihuahua, Grupo Herdez y recientemente Cinemex, han abierto brecha con éxito.

El Consulado de México en su capital, Saint Paul, es fundamental para potenciar las oportunidades comerciales, la integración económica e impulsar la internacionalización de empresas mexicanas. ¿Quién imaginaría que un alejado estado rural estuviera tan compenetrado con México? Es momento de cambiar esta percepción.

Minnesota es campo virgen para las exportaciones y las inversiones mexicanas; es líder mundial en la producción de alimentos, dispositivos médicos y tecnología de punta. La comunidad mexicana, estimada en más de 200,000 habitantes, representa una importante fuerza laboral y fuente de ingresos por concepto de impuestos.

El Estado de los 10 mil lagos es para México mucho más que un impopular y frío ente perdido del Medio Oeste. Podría explotarse más su enorme potencial de negocios de la mano con cámaras de comercio y asociaciones en ambos países. El Consulado de México y la Minnesota Trade Office -que en 2018 abrió una oficina de representación en México- son aliados naturales para consolidar la positiva relación bilateral en materia política, económica y turística.

A instancias del Consulado, logramos que en 2019 se reabriera la ruta aérea directa entre Minneapolis/Saint Paul y la CDMX, convencidos de la creciente interrelación y con clara visión a futuro en materia económica. Hoy, Delta explora abrir un segundo vuelo directo, muestra de que los pasos dados fueron firmes y atinados. El vuelo ya está abierto; es hora de subirnos al avión.

POR LUIS CELIS
ASOCIADO COMEXI Y EX CÓNSUL DE ASUNTOS ECONÓMICOS EN MINNESOTA
ENLACE COMEXI
@CELISLUIS

viernes, 17 de mayo de 2019

La reconfiguración de la promoción económica internacional de México y las nuevas responsabilidades de la Secretaría de Relaciones Exteriores


LA RECONFIGURACIÓN DE LA PROMOCIÓN ECONÓMICA INTERNACIONAL DE MÉXICO Y LAS NUEVAS RESPONSABILIDADES DE LA SECRETARÍA DE RELACIONES EXTERIORES

Por Luis Alberto Celis Mejía*

Los objetivos de la actual administración pública federal en materia de promoción económica internacional están siendo caracterizadas por una clara reconfiguración en sus propósitos, en su escala de prioridades, en los actores que en ella intervienen, en sus beneficiarios, así como en el modus operandi de las instituciones públicas y de su personal.

En esta reconfiguración, los objetivos parten de la premisa de replantear los modelos tradicionales de promoción económica internacional, para orientarse -principalmente- al impulso de un modelo desarrollo endógeno[1] que favorezca el crecimiento económico de las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs), a fin de generar un desarrollo económico centrado en la competitividad y aprovechamiento de las fortalezas económicas locales existentes que implica -por un parte- propiciar la integración de la industria nacional de MiPyMEs en cadenas globales de valor (“CGV”), y -por la otra- intervenciones de políticas públicas (políticas de desarrollo productivo[2]) que posibiliten el encadenamiento necesario para generar valor y -en consecuencia- fomentar las exportaciones de estas empresas. Por tanto, el desarrollo exógeno (cuyo principal componente es la atracción de inversión extranjera directa), juega una suerte de papel complementario en este modelo (aunque no por ello menos importante), que servirá para agregar valor a las actividades de las empresas que se inserten en las CGV, como detonante del crecimiento económico.

Esta nueva estrategia constituye la base de lo que se espera de la promoción económica internacional, con sus consecuentes ajustes y, al mismo tiempo, un desafío[3] en términos de adaptabilidad por parte de las MiPyMEs, de las instituciones encargadas de apoyar su desarrollo, y de los funcionarios ejecutores de la estrategia (quienes enfrentarán una curva de aprendizaje que ya había sido superada, pero que ahora tendrá que volver a recorrerse). Estos ajustes bien pueden explicar la desaparición de ProMéxico -la hoy extinta agencia mexicana encargada de la promoción del comercio y la inversión-, así como la reciente creación de la Unidad de Inteligencia Económica Global (UIEG), dependiente de la Secretaria de Economía.

Este desafío, ha derivado en la suscripción de un Convenio de Colaboración en Materia de Promoción de Exportaciones y de Atracción de Inversión Extranjera Directa entre la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) y la Secretaría de Economía (SE), en enero de este año. En él, se recogen las bases de la colaboración y las prioridades del nuevo esquema, alineadas con los objetivos fundamentales para instrumentar la estrategia que el gobierno federal mexicano ha determinado en la materia. Consecuentemente, habrá que emprender dos acciones principales: redistribuir las funciones propias de ProMéxico y dotar a los miembros del Servicio Exterior Mexicano (quienes seremos los encargados de ejecutar la estrategia de promoción económica internacional) de la capacitación necesaria en la materia, de forma tal que su ejecución resulte en un ejercicio ejemplar y productivo, de acuerdo con los estándares internacionales comúnmente aceptados[4].

El referido convenio recoge los siguientes mecanismos de colaboración: 1. La determinación de responsabilidades tanto para la Secretaría de Economía, como para la Secretaría de Relaciones Exteriores: 2. La creación de una plataforma digital conjunta de información y bases de datos: 3. El diseño y comunicación precisa de lineamientos a seguir en la materia, y; 4. Disposiciones jurídicas diversas (terminación, confidencialidad, et. al.).

Si bien estos mecanismos que instrumentarán lo dispuesto por el convenio están siendo desarrollados por ambas dependencias, la UIEG ha presentado ya los cuatro objetivos de la estrategia de promoción económica internacional y los ha compartido con la SRE:   

          1.       Incremento del contenido nacional en las exportaciones.
          2.       Aumento en la participación de las MiPyMEs en mercados globales.
          3.       Diversificación de los productos y mercados de las exportaciones.        
          4.       Atracción de inversión extranjera de calidad.

Lo anterior, a partir de la inclusión, diversificación e innovación como ejes transversales de los objetivos descritos, y fomentando las metodologías participativas: Participación y Acción para la Competitividad desde Abajo[5] (PACA).

Teniendo claro lo anterior, conviene profundizar -aunque de manera breve- en cada uno de los objetivos referidos, sin soslayar el hecho de que gran parte de esas actividades corresponden a la Secretaría de Economía –por lo que se refiere a la labor a nivel nacional–, y a la SRE –por lo que toca a la ejecución a nivel internacional–.

En principio, y por lo que respecta al incremento del contenido nacional en los productos de exportación, de lograrse un aumento, ello contribuirá directamente a la incremento de la productividad. En este entramado, resulta de especial relevancia una combinación de estrategias que involucran tanto al sector privado (mediante la inserción de las empresas en las CGV), como al sector público, quien deberá detonar este crecimiento a partir del desarrollo de políticas de desarrollo productivo que permitan el diálogo y un  entendimiento profundo entre los sectores productivos a todos los niveles y tiendan al incremento de la productividad, al aumento en el contenido nacional, a la producción e incremento de las capacidades con base en la demanda y al alineamiento con las políticas internas, así como a ajustar el comportamiento organizacional y los procesos de manufactura de las empresas que aspiren a ser proveedores mundiales de excelencia[6].

Por lo que se refiere a la integración de las MiPyMEs en las CGV, es necesario desarrollar mecanismos de articulación en todos los niveles y en todos los sectores, de tal suerte que la MiPyMEs puedan insertarse en la dinámica de los encadenamientos productivos[7] e incorporen elementos de innovación[8] que permitan aumentar su productividad y su competitividad.

En materia de diversificación de productos y mercados de exportación, debemos reducir la dependencia de los Estados Unidos de América como principal destino de nuestras exportaciones, a fin de aprovechar las ventajas que nos brindan mercados con los que, o bien no se ha tenido relación previa, o bien la relación no está siendo consolidada ni aprovechada a su máximo potencial. Es así que instrumentos como el Tratado Integral y Progresivo de Asociación Transpacífico (CPTPP, por sus siglas en inglés), la renegociación del Acuerdo Global con la Unión Europea hacia el 2020, el fortalecimiento regional  a través de la Alianza del Pacífico, o el enorme potencial africano en la zona del Magreb (en materia de exportaciones mexicanas a esa región, e inclusive de atracción de IED) y Sudáfrica pueden ser la clave para la diversificación y -a su vez- para la disminución de la dependencia con nuestro vecino del norte[9].

Por otra parte, el mapeo de complejidad económica de México[10], así como el estudio de las capacidades productivas nacionales para lograr productos o servicios que aún no se manufacturan o se proveen -pese a contar con la CGV adecuada- (como se ejemplifica posteriormente) será fundamental para lograr ventajas competitivas y diversificar mercados.

En relación con el cuarto objetivo, se trata no sólo de atraer IED de calidad (entendiendo por ello la IED productiva y de valor agregado), sino de realizar la promoción adecuada y necesaria para que esta IED llegue a nuestro país. Es aquí en donde la SRE tendrá un papel clave, pues de conformidad con la estrategia desarrollada por la UIEG, es a las Representaciones de México en el Exterior y a los funcionarios del Servicio Exterior Mexicano a quienes corresponderá el primer contacto con potenciales inversionistas extranjeros, para luego coordinarse con la UIEG, quien estará a cargo de la vinculación con los gobiernos estatales, locales y el sector privado a nivel nacional. Conviene entonces profundizar en aspectos claves de la IED de calidad que se espera podamos atraer y detonar, como nueva responsabilidad principal en la materia:

En los pasados 10 años, ProMéxico generó atracción de IED que derivó en la creación de empleos altamente calificados y desarrolló un Modelo de Acompañamiento a Compañías Trasnacionales, el primer modelo mundial de inversión para la exportación -ahora conocido “I2E” (Investment to Export). Ambas acciones ameritaron los premios internacionales que la UNCTAD y el International Trade Center, respectivamente, le otorgaron en 2012. Ese en este punto en el que deberá rescatarse la experiencia acumulada de nuestro país en la materia, y minimizar la curva de aprendizaje que el personal del Servicio Exterior Mexicano habrá de recorrer en las nuevas responsabilidades que le serán atribuidas.

Será necesario, también, continuar atrayendo y detonando inversiones productivas en sectores maduros en los que la industria nacional pueda insertarse con facilidad en las CGV: sector automotriz, aeroespacial, equipos médicos; a la par de continuar fomentando las reinversiones (más del 50% de la IED que llega a México proviene de multinacionales que se encuentran operando en nuestro país desde hace años). 

Ejemplo de lo anterior, y por lo que se refiere a la atracción de IED de calidad, vale la pena mencionar el caso de 3M, empresa estadounidense que cuenta con dos Centros de Innovación en México (Ciudad de México y San Luis Potosí), además de diversas plantas de producción.  A los pocos años de su apertura, los centros han registrado más de 380 patentes mexicanas, producto de actividades de investigación y desarrollo (I+D) y han generado numerosos empleos calificados.
Por otro lado, y por lo que respecta a las capacidades productivas nacionales y su posible inserción en las CGV, vale la pena resaltar que contamos con una CGV integrada que nos permitiría producir buques de carga (entre otros varios ejemplos); sin embargo, no lo estamos haciendo por diversas razones (infraestructura, conocimientos técnicos, etc.), aunque contemos con las capacidades productivas necesarias. Ello, a su vez, genera una evidente fuga de capitales que de otro modo quizá no existiría y merma el desarrollo de economías de alcance en nuestro país; por ejemplo, en 2013 PEMEX se vio en la necesidad de comprar el Astillero “Hermanos de J. Barreras” en Galicia, España, ante la falta de astilleros en México que permitieran la producción y reparación de su flotilla.

En virtud de lo anterior y ante este nuevo paradigma en materia de promoción económica internacional, queda claro que un trabajo conjunto, ordenado, y bien concatenado entre la SRE y la SE, siempre en busca del mejor interés nacional y el bienestar de los mexicanos, derivará necesariamente en el desarrollo de la industria nacional con enfoque en las MiPyMEs que detonará su actividad exportadora para lograr una mejora significativa de las empresas nacionales y de los mexicanos que en ellas laboran.

La SRE y los miembros del Servicio Exterior Mexicano tenemos una oportunidad única para contribuir en este propósito, a la altura de las expectativas que nuestro país exige y merece.


*El autor es fue funcionario de ProMéxico de 2009 a 2013 y se desempeñó, entre otros cargos, como Director para Europa, África y Medio Oriente, en la Unidad de Promoción de Inversiones y Negocios Internacionales de ese organismo. (www.linkedin.com/in/celisluis/). Es además, diplomático del Servicio Exterior Mexicano y Asociado en el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales. 




[1] Así lo considera HARMES (2013), al afirmar que “en el juego de ganar – ganar… [l]os actores locales deben identificar sus ventajas competitivas y tomar la inversión extranjera directa como complemento y la inserción en cadenas globales de valor como oportunidad”.  HARMES-LIEDTKE, Ulrich. “Desarrollo territorial para el sur-sureste de México” en DUSSEL, Enrique, Cadenas Globales de Valor: Metodología, Teoría y Debates, UNAM, México, 2018, pp. 149-165.
[2] GEREFFI, Gary. “Políticas de Desarrollo Productivo y Escalamiento: la necesidad de vincular empresas, agrupamientos y cadenas de valor” en DUSSEL, Enrique, Cadenas Globales de Valor¸ Metodología, Teoría y Debates, UNAM, México, 2018
[3] Se habla de un desafío, pues nos hemos convertido en el único país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (en adelante “OCDE”) que no cuenta con una agencia de promoción, y en uno de los únicos países a nivel continental -y mundial-, pese a que en 2012 fue galardonada en dos ocasiones como la mejor agencia de promoción de inversiones y luego como la mejor agencia de promoción de exportaciones. CELIS, Luis Alberto. “El inesperado devenir de una historia de éxito: ProMéxico” en Opiniones Oportunas, Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales, México, 2019.
[4] “Investment Promotion Handbook for Diplomats” en Investment Advisory Series A, number 6, Naciones Unidas, Nueva York y Ginebra, 2016. 
[5]  MEYER-STAMMER y HARMES, Ulrich, en DUSSEL, Enrique, Op. Cit.
[6] DE LA PEÑA, Ricardo. How to become a world-class supplier in a nuthsell”, BixLink, 2018.
[7] TAGLIIONI, Daria, et. al. Making the value chain Works. International Bank for Reconstruction and Development, Washington, 2016.
[8] Entendida como elemento clave para la internacionalización (sic) de las empresas. FROHMANN, Alicia. Internacionalización de las pymes (sic), innovación para exportar. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Naciones Unidas, 2016.    
[9] DE LA MORA, Luz María. “La política de comercio exterior de México (2018- 2024)” en SCHIAVON, Jorge, et. al.La política exterior de México 2018-2024: Diagnóstico y propuestas”, CIDE, México, 2018.
[10] Atlas de complejidad económica. Gobierno de México (elaborado por la Universidad de Harvard, el Centro de Investigación y Docencia Económicas en conjunto con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público). 2018 con datos de 2017. Disponible en: https://datos.gob.mx/complejidad/

La nueva estrategia de promoción económica internacional

Columna publicada en El Sol de México en mayo de 2019.


Las actividades tradicionales de promoción están siendo orientadas por la actual administración hacia un modelo desarrollo económico desde adentro (desarrollo endógeno) que favorezca el crecimiento económico de las MiPyMEs, mediante su integración a cadenas globales de valor (CGV), y a partir de intervenciones de políticas públicas de desarrollo productivo. Por tanto, el desarrollo exógeno (inversión extranjera directa), jugará un papel complementario.

Lo anterior constituye un desafío, pues se deberá subsanar la desaparición de ProMéxico -la hoy extinta agencia encargada de la promoción económica internacional-, y redistribuir sus funciones, así como aprovechar la reciente creación de la Unidad de Inteligencia Económica Global (UIEG), dependiente de la Secretaria de Economía. Hoy somos el único país de la OCDE, y uno de los únicos a nivel continental —y mundial— que no cuenta con una agencia de promoción, pese a que, en 2012, ProMéxico fue galardonada en dos ocasiones como la mejor agencia. También se deberá dotar de la capacitación necesaria en la materia a los miembros del Servicio Exterior Mexicano, quienes seremos los nuevos encargados de ejecutar la estrategia de promoción. Es decir, se tendrá que volver a recorrer una curva de aprendizaje que ya había sido superada.

Ante tal situación, en enero de este año se suscribió un Convenio de Colaboración entre la SRE y la SE, que establece las siguientes labores: 1. La determinación de responsabilidades para ambas dependencias 2. La creación de una plataforma digital conjunta de información; 3. El diseño y comunicación de lineamientos a seguir en la materia, y; 4. Disposiciones jurídicas diversas.

Los mecanismos están siendo desarrollados por ambas dependencias, y la UIEG ha presentado ya los cuatro objetivos de la estrategia de promoción:

1. Incremento del contenido nacional en las exportaciones.

2. Aumento en la participación de las MiPyMEs en mercados globales.

3. Diversificación de los productos y mercados de las exportaciones.

4. Atracción de inversión extranjera de calidad.

Lo anterior, a partir de la inclusión, diversificación e innovación como ejes transversales, y del fomento de las metodologías participativas: Participación y Acción para la Competitividad desde Abajo.

Por lo que respecta a las capacidades productivas nacionales y su posible inserción en las CGV, vale la pena resaltar que contamos con una CGV integrada que nos permitiría producir buques de carga, por ejemplo; sin embargo, no lo estamos haciendo por diversas razones (infraestructura, conocimientos técnicos, etc.), aunque contemos con las capacidades productivas necesarias. Ello genera una fuga de capitales que de otro modo quizá no existiría, y merma el desarrollo de economías de alcance: por ejemplo, en 2013 PEMEX se vio en la necesidad de comprar el Astillero “Hermanos de J. Barreras” en Galicia, España, ante la falta de astilleros en México que permitieran la producción y reparación de su flotilla.

De manera que podemos concluir que si bien con la extinción de ProMéxico se ha perdido un largo camino recorrido, la nueva estrategia en materia de promoción, combinada con un trabajo conjunto, ordenado, y bien concatenado entre SRE y SE, siempre en busca del interés nacional y el bienestar de los mexicanos, podría derivar en el desarrollo de la industria nacional con enfoque en las MiPyMEs y detonar su actividad exportadora para lograr una mejora significativa de las empresas y de los mexicanos que en ellas laboran.

* Asociado COMEXI y miembro del Servicio Exterior Mexicano

@CelisLuis

miércoles, 20 de febrero de 2019

De Pueblo Quieto y sus bondades



DE PUEBLO QUIETO Y SUS BONDADES

*Artículo escrito el 17 de marzo de 2017.

Retomo el vicio por escribir a un año de haber llegado a Minnesota y a casi dos de no hacerlo por gusto, sino –eventualmente– por obligación o necesidad. Aún no vivía en Minneapolis cuando sentí unas repentinas ganas de escribir tras un paseo andando por Saint Paul, la otra Twin City en la que viví durante los primeros 9 meses de haber llegado a Minnesota.

Será por la nostalgia que me pudo haber producido ese paseito solitario alrededor la ciudad beige, la ciudad noventera; será porque Vero Aguilera me había insistido hace tiempo en que escribiera de nuevo y no lo eché en saco roto; o será porque simplemente andaba inspirado leyendo, pues había retomado un fantástico libro que desde el verano de 2014 me había regalado JE Gutierrez tras mi vuelta a Madrid luego de pasar unas semanas en Tel Aviv y que no había terminado –y aún no termino de leer. ¡A saber qué otras tantas prioridades he de haber tenido en el interim! Si bien es cierto que es un libro bastante complicado, aunque de menos dificultad para gente versada en la lectura –quizá por eso no lo he podido terminar– también es cierto que la desidia y otras prioridades no me habían dejado terminarlo… Dejo al libro y retomo lo mío:

Así transcurrió esa tarde de verano del 2016 en la que por seguir leyendo y por no gustarme escribir en el teléfono ni en una incómoda tableta -cual millenial-, abandoné esas ansias que hasta hoy retomé.

El 4 de marzo del año pasado llegué a Saint Paul, con la mejor ilusión típica de un Agregado Diplomático, recién ingresado al Servicio Exterior Mexicano. Con ilusión, sí, aunque también con escepticismo, pues muy poco se conoce sobre Minnesota en México, sea por impopularidad, sea por lejanía, sea por mera ignorancia. Estoy cierto que hasta que los Vikings no ganen un Super Bowl, en México sólo se seguirá conociendo a Minnesota por el frío, por Prince para los poperos-rockeros y hasta closeteros, y por Fargo para los cinéfilos. Más allá, lo dudo, salvo por mi generación que vio de cerca Beverly Hills 90210 y recordará que Brandon y Brenda Walsh eran oriundos de estas tierras (si es que su atención no se las robó Kimberly o Steve).

He de confesar que cuando me informaron que mi adscripción sería Saint Paul, desconocía a ciencia cierta que se trataba de la capital del Estado de Minnesota. El nombramiento causó incertidumbre en mi persona, pero estrictamente eso: incertidumbre. Por un lado, había quien me decía que se trataba de una excelente primera adscripción para la carrera diplomática, y por otro había quienes me decían que estaba lejos de ser un buen lugar, pues el frío –antártico, según muchos– hacía de las ciudades gemelas un lugar poco apto y menos agradable para vivir. Pocas eran mis referencias y muchas mis dudas. No obstante, a juzgar por quienes habían estado al frente del Consulado en Saint Paul, asumí que no se trataba del peor lugar. Gente de primera lo había encabezado: me refiero Nathan Wolf Lustbader, uno de los promotores de México más apasionados y profesionales que he conocido, a Ana Luisa Fájer, con una admirable trayectoria en el SEM (quien además me entrevistó férreamente durante mi concurso de ingreso al SEM) y a Alberto Fierro, de quien tuve el honor de que me recibiera como mi primer Cónsul en jefe, aunque poco me duró el gusto (sólo un par de meses de convivir y aprender de él, antes de que fuera designado titular del Instituto Cultural de México en Estados Unidos). Sin embargo, otras voces dentro de la Cancillería me decían “suerte en Pueblo Quieto”, ahí en donde después de las 5 no hay nada qué hacer, ahí en donde no hay más que frío, en donde no hay más que aburrimiento. Hoy puedo desafiar categóricamente esa premisa, pero eso será en otro momento.

Si a ello le sumamos que mi preferencia de adscripción era un país de vida difícil (en África o Medio Oriente) y que la última de mis preferencias era Estados Unidos, entonces le abonaba una dosis de reticencia –que no significa disgusto– a mi nombramiento. Estaba un tanto empecinado con el Medio Oriente, pues había dejado una tarea pendiente por ahí desde que trabajaba en ProMéxico, cosa que no sucedió con respecto a África, pues habíamos conseguido atraer la primera inversión africana en México de la mano de Ana Osorio y Alejandro Hinojos, pero me resultaba igualmente interesante una adscripción en el Magreb o inclusive en el África Subsahariana.

Estados Unidos, en cambio, no me parecía tan atractivo, pues mis cortas experiencias de turista –aunque divertidas– no habían sido particularmente fantásticas, y mi estancia de prácticas profesionales en Houston hace 13 años cuando quería dedicarme al Derecho Marítimo, tampoco habían superado mis expectativas en el plano personal, aunque ciertamente en lo profesional parecía más interesante. Estaba un tanto negado al modus vivendi estadounidense. En buena parte por gusto y en otra por la idiosincrasia con la que me identifiqué al estudiar en Europa. Y es que soy más de soccer que de fútbol americano, más de un libro que de una serie, más de una botana que de un sandwich, más de un vino que de un refresco, más de un domingo en el parque que en un mall, más de metro y bicicleta que de un coche, más de nadar que de correr, más de una chamoyada que de un smoothie, más de un taco al pastor que de un taco salad, más de agua del grifo que embotellada, más de una feria de barrio que de un Six Flags, más de un pan de muerto que de un cupcake, más de allá y menos de acá, más del ser y menos del tener. Prejuicios todos que han ido matizándose –algunos– o incluso cayéndose –otros–, para bien o para mal.

En fin, luego de un duro adiós en el aeropuerto y un vuelo por demás nostálgico, llegué a Saint Paul procedente de Chicago, pues no hay aún un vuelo directo entre México y Minneapolis-Saint Paul (aunque mis baterías están puestas en que lo haya antes de que me vaya de aquí y se ha convertido en un reto quasi personal). Mi primer interacción local fue con mi hoy querida amiga Érika Valle, quien amablemente me recibió y me llevó hasta mi hotel, no sin antes hacer una parada técnica en el Bull Dog, en donde además de zamparme una clásica 50/50, sugerida por Jake Neamy (de quien supe instantáneamente que nos volveríamos muy buenos amigos) me familiaricé un poco con Saint Paul que ya para ese momento me parecía una ciudad llena de esencia, una ciudad con alma de pueblo pero con cara de metrópoli, una ciudad imperfecta cuya imperfección era justo lo que la volvía particularmente interesante, una ciudad de luz cálida, una ciudad quizás hasta romántica, una ciudad tímida, una ciudad callada. Una ciudad que de pueblo tenía poco y de quieto menos. Al menos eso me pareció, en principio.

Al siguiente día tomé el metro hacia Bloomington, pues es ahí en donde se encuentra el famosísimo Mall of America. Quienes me conocen bien saben de mi animadversión por los centros comerciales, así que sólo era el pretexto para montarme en el tren y explorar la ciudad. Mejor dicho: las ciudades y hasta un suburbio. Una larga travesía pero que me sirvió para explorar y familiarizarme con el frío de la ciudad, pues estábamos a 0 grados centígrados. Quién diría que hoy con esa temperatura hasta me dan ganas de ponerme shorts.

Por la noche me reuní con Alberto, quien con su amabilidad característica me mostró Minneapolis. En sólo unos minutos recorrimos Lake Calhoun, fuimos al centro de Minneapolis, pasamos al Seven a saludar a amigos suyos (entre quienes conocí al buen Gabino) para acabar cenando en Saint Dinnette, justo en el centro de Saint Paul. ¡Qué emoción! ¡Qué agradable me parecía todo! No me arrepentía ni en lo más mínimo de haber corrido con tanta suerte de haber sido enviado a Minnesota. Ya me lo decía Oscar Camacho, quien me hablaba una y otra vez de lo hermoso que era Minnesota y de lo bien que aquí me la pasaría. Así ha sido. Mejor y peor de lo esperado, todo eso junto y revuelto a la vez.

Así transcurrió mi primer encuentro con Pueblo Quieto, en una suerte de coqueteo enganchador. De esos que te dejan con la curiosidad de explorar más y más. No sabía que el coqueteo se convertiría en romance luego de un tiempo… Sobre ello hablaré en “De Pueblo Quieto y sus bondades, parte 2" [et in fine].

jueves, 14 de febrero de 2019

El inesperado devenir de una historia de éxito: ProMéxico

EL INESPERADO DEVENIR DE UNA HISTORIA DE ÉXITO: PROMÉXICO

Por: Luis Alberto Celis Mejía*

Este año comenzó con importantes cambios en la Administración Pública Federal. Uno de ellos fue el anuncio del cierre de ProMéxico, la agencia gubernamental mexicana encargada de la promoción del comercio exterior y la atracción inversión extranjera directa a México, así como de la internacionalización de empresas mexicanas en el extranjero.

La historia del México contemporáneo nos demandará –a posteriori– explicar y recordar qué fue ProMéxico, sus logros, sus virtudes, sus aciertos, y sus fallas. Sirvan estas líneas para ello, así como para hacer un bien merecido recordatorio y, ¿por qué no?, un homenaje a quienes en algún momento formaron parte de esa institución que, si la memoria es justa y el juicio objetivo, con todo y sus múltiples áreas de oportunidad, podrá recordarse como una de las instituciones de la Administración Pública Federal mejor concebidas, diseñadas y ejecutadas.

En un acierto político-económico estratégico, ProMéxico se creó durante 2007 bajo la figura de un fideicomiso público sectorizado a la Secretaría de Economía mexicana, cuya misión sería lograr incrementar los niveles de comercio e inversión a cifras jamás antes vistas en nuestro país. La misión fue exitosa al poco tiempo de su génesis[1] (para 2013 se habían generado alrededor de 300 proyectos de alto impacto, habían llegado más de 50 mil millones de dólares de inversión extranjera directa a nuestro país y se contribuyó a generar cerca de 60 mil empleos altamente calificados) pero, a once años de su creación, se determinó que debía desparecer. Cualquier decisión puede ser cuestionable, pero hay decisiones más cuestionables que otras; este es el caso la decisión que determinó cerrar ProMéxico.

Resulta especialmente complejo reunir tantas historias de éxito en una sola crónica, aunque, a decir verdad, era un ejercicio que había procrastinado. Comienzo por confesar que, aunque había escuchado de la existencia de ProMéxico, no fue sino hasta finales de 2008 cuando tuve mi primer acercamiento con su labor durante una exposición en clase de uno de mis alumnos de Negocios Internacionales. Tiempo después, un azaroso derrotero del destino me llevó a trabajar allí.

En 2009, mediante una inusual –y afortunada– práctica de reclutamiento gubernamental, recibí por correo electrónico un mensaje de la Oficina de ProMéxico en Madrid –ciudad en donde cursaba el doctorado en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales–, en búsqueda de personal para incorporarse a sus filas. En ese mismo año, comencé a colaborar en calidad de voluntario en esa institución, a la que entonces –por ignorancia generalizada hacia las instituciones de gobierno– le tenía poca fe. Mi experiencia burocrática era más bien incipiente, pues únicamente había tenido oportunidad de trabajar a un par de años en PEMEX, institución en donde “la grilla” era más un modus vivendi que un modus operandi. Para mi sorpresa, al poco tiempo esa poca fe hacia ProMéxico se convirtió en entusiasmo y lealtad institucional –rápidamente la institución lograba que su personal “se pusiera la camiseta”–, pues bastaron menos de 90 días para darme cuenta de que ProMéxico se salía del modelo burocrático-gubernamental, y del privilegio que suponía la tarea de hablar bien de mi país y difundir las actividades económicas destacables de México.

En manos de ProMéxico se encontraba la digna y alta responsabilidad de mostrarle al mundo la otra cara de la moneda sobre un México que –aunque se nos olvida con facilidad– también existe: el México moderno, el México de lo bien hecho, el México desarrollado, el México de gente trabajadora y orgullosa de su país, el México que todos queremos ver. Ese México de Denise Dresser que en El País de Uno[2] nos recuerda que “frente a las razones para perder la fe, están todas las razones para recuperarla”. Ese también era el México de ProMéxico, que se empeñó en vender impecablemente la imagen del país y sus ventajas competitivas. Era el encargado de dar las buenas noticias de un México que para el mundo daba más malas notas que buenas.

La entonces Directora de ProMéxico España me brindó la oportunidad de colaborar por más de medio año allí y de aprender de una excepcional conducción de diplomacia pública y económica. La bien lograda revista Negocios, distribuida por ProMéxico y con alance global, fue mi manual de estudio por varios meses y el equipo de esa oficina fue mi mentor por excelencia.

Posteriormente me incorporaría a un noble y admirable ejercicio de ingreso a ProMéxico: el programa de Practicantes en Negocios Internacionales 2010. Pese a mi formación jurídica, fui aceptado –junto con 30 brillantes colegas que luego harían de sus vidas auténticas carreras de éxito– a formar parte de ese exigente programa, desde el cual –y bajo la dirección ­de ­ProMéxico España– tuve la oportunidad de lograr que el primer contenedor de plátano mexicano de la zona del Pacífico ingresara a España. Al término del programa (1 año) algunos de mis colegas fueron contratados por la empresa a la que apoyaron en sus procesos de exportación, otros se fueron a la iniciativa privada, otros emprendieron por su cuenta y otros fuimos contratados por ProMéxico. Puedo afirmar que, en un auténtico ejercicio de meritocracia, ProMéxico reconoció el talento y los esfuerzos de quienes comenzamos como voluntarios o practicantes y acabamos en posiciones directivas en México o en el extranjero. Transcurrido un tiempo, otros más osados decidimos decantarnos por las filas de la Secretaría de Relaciones Exteriores, de la Secretaría de Economía o por participar en otras tareas propias de la política exterior mexicana.

Sin duda, ProMéxico –como cualquier institución– adolecía de muchas cosas y siempre pudo ser mejor, pero no por ello se deben obviar sus prácticas organizacionales destacables y que vale la pena mencionar: a mi juicio, su capital humano era de primer nivel; gente con visión estratégica, orientada a resultados, sin los vicios propios de las burocracias, acostumbrada a trabajar con horizontalidad y en equipo. Contaba, además, con una gran plantilla de jóvenes –la media de edad era de 30 años– y en algún momento hubo más mujeres que hombres al interior de la institución. Todo ello llevó a ProMéxico a obtener, durante varios años consecutivos, el distintivo “Great Place to Work[3]. La claridad en sus procesos y de sus directivos, hacían la toma de decisiones más sencilla y acertada. La organización impoluta de sus eventos de promoción hacía que las miradas se dirigieran hacia México en los foros internacionales más importantes, y posicionaban a ProMéxico como un referente institucional. Jamás México había tenido tanto protagonismo en escenarios de primer nivel mundial como el World Economic Forum, cuya organización estaba a cargo de este organismo. Lo mismo podría predicarse de la presencia de México a través de sus pabellones institucionales en las principales ferias y eventos comerciales en todo el mundo (Expo Zaragoza, Expo Shanghái, Expo Milán, FITUR, Médica, Le Bourget Franbourough, Hannover Messe entre muchos otros). ProMéxico era un claro ejemplo de que en el gobierno sí se sabía y se podían hacer las cosas bien.

La experiencia del personal que formaba parte de Bancomext, aportó en gran medida al éxito de esa incipiente institución. Y, aunque poco se recuerda, en 2012 ProMéxico fue galardonada como la mejor agencia de promoción de inversiones en el mundo por la creación de empleos de valor agregado[4] y, en ese mismo año, sería reconocida también como la mejor agencia de promoción comercial a nivel mundial,[5] gracias al innovador Modelo de Acompañamiento a Compañías Trasnacionales en México, que permitía generar importantes cadenas de valor en nuestro país.

En ProMéxico también había prácticas organizacionales de avanzada muy destacables. Se hacía un uso óptimo de las tecnologías de la información, trabajando con programas informáticos que entonces resultaban innovadores (CRM, Sharepoint, etc.); se promovía el cuidado al medio ambiente; se contaba con políticas que promovían la equidad de género; los empleados gozábamos de prestaciones adecuadas, y las instalaciones estaban a la altura de lo que supondría una institución dedicada a posicionar a México en el mundo.

Fue tal mi admiración hacia los procesos de ProMéxico y hacia su calidez humana, que no puedo obviar el mencionar una experiencia personal que forjó mi futuro profesional: cuando culminé mi programa de Practicantes en Negocios Internacionales, fui recibido por el entonces Jefe de la Unidad de Promoción de Inversiones y Negocios Internacionales, quien me invitó a colaborar en las filas de ProMéxico tras aprobar los exámenes de reclutamiento y selección. Me solicitó entrevistarme con el Director Ejecutivo de Promoción de Inversiones, quien, como parte de su entrevista, me pidió explicarle mis objetivos de vida y profesionales a largo plazo. No supe qué responder. Me concedió una semana para pensar al respecto y me pidió volver, pues atinadamente me explicó que no podría incorporarme a la institución si no sabía el rumbo profesional y de vida que quería tomar. Cuando volví, le expliqué que mi objetivo profesional y de vida sería incorporarme al Servicio Exterior Mexicano y, para mi sorpresa, me comentó que entonces la institución intentaría encaminar mi desarrollo hacia ese objetivo, independientemente de las funciones propias de mi puesto como Subdirector de Proyectos de Inversión.

Nada resultó más cierto, pues me turnaban el desahogo de los asuntos relacionados con la actividad diplomática en materia de promoción de inversiones, al punto que me fue encomendado coordinar lo relativo al entonces Dutch – Mexican Investment Council, Capítulo México, que había sido impulsado por la Oficina de ProMéxico en los Países Bajos, entre muchos otros proyectos que involucraban al cuerpo diplomático acreditado en México. Al poco tiempo, me ofrecieron estar al frente de la Dirección para Europa, África y Medio Oriente, desde la cual colaboré en los objetivos de la Dirección Ejecutiva de Promoción Internacional. Proyectos icónicos como lograr la llegada de la primera inversión africana a México o la entrada al país de reconocidas empresas que de otro modo hoy difícilmente lo estarían –H&M, Audi, entre otras–, fue uno de los más grandes privilegios que me dejó mi paso por esa institución.

Todo ello fue el logro de un equipo profesional y comprometido; de quienes operábamos en el terreno y nos rasgamos la camiseta por tener un mejor país. La misma camiseta que con entusiasmo nos pusimos cuando formamos parte de esa institución. En esa coyuntura, destacó la labor de la Unidad de Inteligencia de Negocios de ProMéxico –la única de nuestro país– y la participación de funcionarios comprometidos de la Dirección General de Relaciones Económicas Bilaterales y la Dirección General de Promoción Económica Internacional de la AMEXCID, quienes fueron partícipes de ese éxito, pues se encargaban de alinear las estrategias de promoción a las prioridades de la política exterior mexicana.

A mi paso por ProMéxico conocí ejecutivos y funcionarios especialmente valiosos. Gracias a todos ellos, México ha logrado posicionarse como uno de los países más atractivos para hacer negocios a nivel global. Desde los Directores Generales –que, me consta, arrastraban el lápiz con todo el equipo–, los Coordinadores Regionales en EE. UU y Europa, hasta las oficinas en el exterior, se ejecutaba la estrategia de manera ejemplar en todos los niveles: la oficina de ProMéxico en España era admirada por su capacidad de atraer inversión extranjera, tan sólo por detrás de Estados Unidos, en donde se concentraba el mayor número de oficinas. Me atrevo a afirmar que pocos mexicanos conocían mejor la actividad económica de Europa Central y del Este, que nuestro entonces director de ProMéxico Frankfurt; Centroamérica era un terreno virgen para posicionar las exportaciones e inversiones mexicanas de la mano del Director de ProMéxico en Guatemala; desde Italia, el Director de esa oficina gestionaba visibles proyectos que no sólo se extendían por la península itálica, sino que llegaban  hasta Israel; mientras que el Director de ProMéxico en los Emiratos Árabes y países adyacentes, advertía que no se podían materializar negocios con esa región si no se generaban relaciones personales al más alto nivel. Hoy tenemos un mercado Halal en el Medio Oriente; hoy México es el mayor inversionista en Centroamérica; hoy la inversión mexicana en España es la más alta de su historia; hoy México es reconocido por su importantísima presencia en el World Economic Forum; hoy México tiene inversiones africanas en el sector automotriz; hoy México tiene un Consejo de Negocios con Francia; hoy México tiene una Casa de México en España; hoy México tiene reconocidísima presencia en FITUR, Le Bourget, Franborough, Medica, Sweet and Snacks, etc.; hoy México tiene más relaciones con Asia y Asia-Pacífico que nunca en su historia; hoy –como fue su objetivo– hay “Más mundo en México y más México en el mundo”.

Gracias a quienes pusieron su empeño para que hoy tengamos un mejor país. Recordaré siempre y con especial cariño la sonrisa de Isabel, el ejemplo de Enrique, las palabras de Jaime, la amistad de Guillermo, la visión de Laura, el liderazgo y profesionalismo de Luis, la sabiduría de Pepo, la claridad de Víctor, el carácter de Aymé, la disposición de Norberto, la sutileza de Jorge, la tenacidad de Emilio, el amor de Marcela, el humor de Juanma, la locura de Andrea, la risa de Michelle, la intensidad de Kirey, la ironía de Violeta, la astucia de Mariana, la influencia de Gerardo, la cautela de Liliana, la agilidad de Carlos, el temple de Alejandro, el trato de Isabel, el colmillo de Marco, la curiosidad de Gaby, la cordialidad de Brenda, la pluma de Itziar, el ánimo de Rubén, la experiencia de Laura, la dulzura de Ana, la fraternidad de Alejandro, la tranquilidad de Chema, la destreza de Tere, la discreción de Tato, la entrega incondicional de Ana y Lucy, el compromiso de Laura, el cuidado de la Señora Carmen, la atención del Oficial Hernández, la sagacidad de Carlos, la picardía de Luis, la innovación de Ricardo, la vitalidad de Claudia, la paciencia de Karla, la lealtad de Diego, el apoyo de Marco, la seriedad de Majo, la entrega de Nancy, la presencia de Luis, el cariño de Cristina, la redacción de Lili, el carisma de Vane, la energía de Ana,  la perspicacia de Lalo, el poder y la genialidad de Ximena, la constancia de Memo, la iniciativa de Erwin, el empuje de Fernanda, la capacidad de Alejandro, el sosiego de Andrés, la energía de Mario, la ambición de Miguel, la lógica de Eduardo, los conocimientos de Thelma, la inventiva de Juan, la dedicación de Lulú, la organización de Angie, la valentía de Mildred, la amabilidad de Óscar, la gentileza de Roberta, la atención de Eréndira, la gestión de Ana, la serenidad de Alfonso, la sensatez de Carlos y el amor con el que, Antonio, Jorge y principalmente Bruno, fundaron la institución.

Por último, este agradecimiento también va para todos los voluntarios, becarios y practicantes que tanto aportaron a la institución, tanto en México como en el extranjero, y especialmente a quienes colaboraron conmigo: Kristine, Ricardo, Lander, Luca, David y Gustavo.

​Las instituciones podrán transformarse, mutar o desaparecer, pero los resultados son perpetuos. A todos quienes hicieron posible convertir a ProMéxico en una historia de éxito, mi admiración y reconocimiento y, sobre todo, mi profundo agradecimiento como mexicano.

*El autor fue funcionario de ProMéxico de 2009 a 2013 y se desempeñó, entre otros cargos, como Director para Europa, África y Medio Oriente, en la Unidad de Promoción de Inversiones y Negocios Internacionales de ese organismo. (www.linkedin.com/in/celisluis/)




[1] ProMéxico. “Una década de promover a México en el mundo”, México, 2017. Pág. 52. Disponible en: http://www.promexico.gob.mx/documentos/biblioteca/10-aniversario-promexico.pdf
[2]  Dresser, D. El País de Uno. Periódico Reforma. México, 3 de enero de 2005.
[3] ProMéxico. “Una década de promover a México en el mundo”, México, 2017. Pág. 48. Disponible en: http://www.promexico.gob.mx/documentos/biblioteca/10-aniversario-promexico.pdf.
[4] Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. Entrega de premios a organismos de promoción de inversiones, 2012. Disponible en: https://unctad.org/en/PublicationsLibrary/diae2012misc1_en.pdf.
[5] International Trade Center. Mexico – Developing Country Award, 201. Disponible en: http://www.intracen.org/itc/events/tpo-network/2012/winners/.

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