lunes, 21 de noviembre de 2022

IV. Insane | Memorias a bordo del Cuauhtémoc

 19 de noviembre 


Quinto día y me he sentido bien conmigo. Haciendo mucho ejercicio. Un poco cansado y dolorido pero cada vez más acostumbrado. 


Ayer por la noche, el mismo tripulante que me dio el primer “manguito” (la bandera) me vio y me regaló mi segundo “manguito” que dice SEMAR. Ahora sí mi uniforme ya luce mucho mejor. 💪🏻


En lo personal he logrado desarrollar empatía y entendimiento con algunos elementos a nivel personal. Sin embargo aún no logro integrarme a ningún grupo y eso, para un ser social como yo, es un poco duro.


El teniente Caña me sorprende porque me  sabe leer. Nos tratamos con respeto pero también con aprecio. El teniente Valle también ha sido muy amigable. La personalidad naval es amable pero las cercanías no son comunes. 


No sé si en algún momento me llegue a integrar o no a un grupo. Lo intentaré, pero se antoja difícil. Lo importante de todo esto es que, por primera vez, si no logro integrarme a algún grupo, no me causaría frustración. Me siento bien como para no tener que integrarme aunque honestamente preferiría que eso ocurriera. Soy bastante gregario, pero tampoco voy a buscar integrarme a huevo.


Le he dado algunos detalles a tripulantes que han tenido algún gesto amable conmigo, pero no lo hago para “comprar simpatías” sino como un acto genuino de aprecio o agradecimiento. Es difícil guardar el balance y no dudo que yerre, pero al menos lo intento. 


Durante la final del turcocesto (el Basketball que se juega a bordo con una bola de cabos), hubo riña entre popa y proa pero estuvo divertida. Fue narrada por cadetes que son más bien pequeños cabroncitos, pero sanos y ejemplares con sus faenas (tareas). En otro momento hablaré de ellos.


Se me ocurrió unirme al ejercicio de Insanity hoy, y por lo visto lo único “insane” fue la idea de hacerlo en viernes (al doble de intensidad) y de querer hacerlo con marinos y cadetes de la Naval. ¿A quién se le ocurre?🤦🏻‍♂️ Sólo a mi. 


La realidad es que en este barco será muy difícil bajar de peso. Me apunte a un concurso cuyo perdedor deberá pagar al ganador 100 dólares en una cena cuando arribemos a Valencia. Tengo varias cosas en contra: el hecho de que estos personajes llevan haciendo ejercicio intenso por al menos 15 años; que aunque no me siento, viejo los 37 pesan; y que la comida siendo tan rica, nomas no ayuda en ese propósito. A ver qué resulta.


Mikel me escribió; le mandaré unas memorias. Hablé con Sergio Soler y le regalé un par de fotografías (ahora el regalo más preciado que puedo hacer a algún ser querido, por el tiempo que tardan en subir). 


El cadete “X” sigue sumando puntos y “Y”ni se diga, mientras “A” y “B” se han apartado. Mañana que me vean desayunando con ellos en la Cámara de Cadetes, su perspectiva cambiará, y verán que Luisón sigue siendo el mismo que conocieron en Cádiz. Me tendrán de vuelta, solo que aún no era tiempo de hacerlo…. Hoy cené con el Comandante y, tras la cena de hoy, a partir de mañana será momento de cadetear.

jueves, 17 de noviembre de 2022

III. Mi overol | Memorias del Cuauhtémoc

 17 de noviembre


El mareo va bien. De hecho no he tenido ninguno, aunque también es cierto que el barco va muy estable y eso se debe a la parsimonia de estas aguas, que no creí que fueran así . No sé si fue el kit antimareo que amablemente me cedió Carlos o a que el barco ha estado relativamente tranquilo. En cualquier caso no he tenido ni el más mínimo indicio de malestar a bordo. Lo único es que luego de unas picaditas veracruzanas tras la actividades de madrugada a las 5:30 am para desamadrinarnos (soltarnos)  del buque tanque que nos abasteció de combustible, las agruras hicieron de las suyas, pero el placer valió la pena.


Me entregaron mi ropa y aproveché que hoy es miércoles de descanso (como si fuera domingo) para acomodar mi camarote y dejarlo impoluto, como me gusta. 


Aproveché también para preparar algunos pequeños detalles para las personas que han tenido alguna atención conmigo (que han sido varias) o bien para aquellas que podría necesitar en algún momento. Son gestos apreciados… Un dulce, una sagrada coca-Cola, un cigarro, etc. Ahora entiendo por qué en el ámbito castrense los regalos son tan valorados y se utilizan con frecuencia. Toda proporción guardada, estar aislado en un barco en medio del Golfo Pérsico, sin escapatoria, y tener que generar relaciones a bordo, supongo que se asemeja de algún modo a una prisión en donde los artículos escasos de los que se dispone, pueden ser un buen aliado para generar simpatías(o desprecios si no se tienen monedas de cambio). Menos mal que venía preparado con muchos dulces mexicanos, unas 15 cajetillas de cigarros (que no he ocupado porque llevo días sin fumar) y algunos detallitos.  


También es cierto que hoy, por primera vez en mucho tiempo, disfruté de mi soledad y quise pasar tiempo conmigo, en mi camarote, haciendo mis cosas y sin convivir con nadie. Esto no sucedía desde hace muchos años, pues soy tan social que se me había olvidado convivir conmigo y soportarme a mi solito. Lo disfruté mucho. 


El primer regalo se lo hice a mi compañero de camarote, quien ha sido un caballero. Me ha ofrecido 20 veces que cualquier cosa que necesite me apoye en él y, cómo lo siento sincero, no he necesitado nada pero encuentro necesario fortalecer esta relación de confianza y amistad. Me ofrece su apoyo para todo. 


Me dieron antier mi overol. Pero a diferencia de todos, el mío no tiene ningún manguito, es decir, no tiene ninguna insignia ni bandera, ni mi apellido, ni nada. Es normal, porque no soy marino pero sí que soy personal oficial y vengo en misión diplomática. Ninguna estampita hace lucir mi overol, lo cual lo hace ver bastante triste.  Ayer me dijo una oficial que me debía doblar el cuello y unos cadetes me dijeron que me conseguirían un manguito, una bandera o algo (no puedo portar otra insignia porque no pertenezco a la Armada).


Para mi sorpresa, un destacado tripulante (quizás el más destacado de todos) en algún momento se acercó y me regaló la bandera mexicana para colocármela en mi overol. No puedo describir el gusto que sentí cuando me la dio y le pedí que fuera él mismo quien me la pusiera. Jamás pensé que un insignificante manguito tendría tanta relevancia para mí y sería la impronta que con más orgullo portaría. Lo agradecí de nuevo. El oficial es amable y desde Cádiz congeniamos bien. Nos encontramos en Dubái y lo invité a la primera fila del concierto que dio la Sonora Santanera. Bailó con la Subsecretaria y con la Embajadora y por sugerencia mía fue a la cena con el Gobernador de Hidalgo.


Joaco me mandó una nota de voz… siempre me pone de buenas escucharle. Sergio me habló del ancla y sonó convincente, me tendrá que amarrar a tierra. Paul ni sus luces pero Raúl sí dio señales de vida. Michelle me hizo videollamada sin saber que no la podría tomar.


Son las 12:47 y el internet no me deja mandar mi reporte oficial. Mientas se enviaba redacté esta memoria personal de hoy. La estoy terminando y sigue sin mandarse el oficial. Al menos acabé ésta…. 


Ah, por cierto. Hay un fantasma en el barco. Pero de eso hablaré mañana. 

miércoles, 16 de noviembre de 2022

II. Puesta a punto | Memorias del Cuauhtémoc


16 de noviembre


Hoy fue un martes con sabor a sábado, porque los miércoles son domingos (y los domingos también lo son). Tras la rutina de zarpe de ayer, hoy se decidió realizar una actividad de tomas fotográficas que el día de ayer no se logró, debido a las  condiciones meteorológicas.

Esta mañana, tras el desayuno (flautas con crema), a la 10:00 a.m. se dio un toque 

(con el pito marinero) para ordenar un zafarrancho de maniobra general, 

consistente en poner a punto el velero.


Me escribió de nueva cuenta Morad y también lo hizo Fer y Lore…. Me encanta que lo hayan hecho.


Sigo sin noticias de Paul y me mantengo en contacto permanente con Sergio, quien además de la nobleza y entrega que le caracteriza en su amistad, me ha demostrado un gran sentido de la responsabilidad al hacerse cargo no solo de Albert, sino de prácticamente todo lo que ocurre en mi piso. Siempre se lo he dicho y no me arrepiento: soy muy afortunado porque la vida me lo haya puesto en mi camino. Ha dado consistentemente señales de ser un gran amigo y eso no lo olvidaré nunca. Es el amigo con el que más he conversado sobre mí sobre mis miedos, mis penas y mis nostalgias. Es un amigo que escucha y que luego de haber escuchado, vuelve a escuchar. Eso nos une. Y aunque el ancla que me dijo me reglaría antes del viaje no llegó de forma física, la tengo tatuada en cada mensaje que me envía para saber cómo estoy. 


Menos mal que ayer hice ejercicio porque hoy no pude. Minutos antes de que me dispusiera hacerlo, el comandante del buque me llamó para unirme a la celebración del día del piloto de la fuerza aérea mexicana.


Generé una incipiente relación de confianza con un par de tripulantes en popa. Me están midiendo pero les causo empatía. Luego de un rato se empezaron a sincerar. Parece que confiarán en mi más pronto de lo que pensé.


Las amistades que Bernardo hizo en Cádiz son ahora amigos que me heredó y que los aprecio de una manera particular, aunque sin favoritismos. 


Estoy comiendo delicioso todos los días y la única forma en la que puedo seguir haciéndolo es si hago más ejercicio, de lo contrario la cena de navidad seré yo con una manzana en la boca. 


Son las 3:25 y es hora de dormir, mientras el buque se está llenando de combustible en la mar, en una operación de repostaje nunca antes practicada. 












martes, 15 de noviembre de 2022

I. Reencuentros | Memorias del Cuauhtémoc

15 de noviembre de 2021


Hoy empezó esta gran aventura. Volví a emocionarme, a ilusionarme, a navegar. Y lo digo en el más amplio de los sentidos…


No he parado de recorrer el barco de popa a proa no menos de 10 veces y estoy ansioso de entender todo lo qué aquí pasa.


Menos mal que los Tenientes Caña y López Ruiz fueron sumamente pacientes para explicarme mis múltiples preguntas sobre navegación. El puente y el magistral (donde están los controles y se  lleva el mando) serán mis lugares predilectos. Sin embargo el área de la proa (en donde habita el personal de clases y marinería) no deja de encantarme aunque ahí no nos enteremos de nada de lo que sucede en popa y en donde se decide el destino de este bajel.


Tras el fiestón de ayer a bordo del barco (recepción para autoridades y empresarios por ExpoDubái), dormí apenas 4 horas en mi primer dia, pero descansé como si hubiese sido un ciclo completo de 8. Creo que la mar arrulla. Eso de haber organizado la recepción un día antes zarpar y que esa haya sido mi primera noche en el camarote, sin duda pesa… 


A las 6 se levantó mi compañero de camarote, el teniente Clara, jefe de cocina. A pesar de que mi vida (comida, trabajo, ocio, etc) la hago en popa, con los oficiales, nada me parece más divertido que me hayan puesto en un camarote de oficiales de proa. Eso me da chance de conocer toda la vida del barco y eso es un privilegio. Popa no sale a proa y viceversa. Así que hasta en eso soy afortunado. Podré convivir con el personal  de marinería y con los cadetes y hasta comer o pasar ratos de ocio con todos ellos. No todos verían este hecho con buenos ojos pero yo sí…. También soy todo terreno.


Hoy también fue un gran día, me reencontré con las aguas, con los barcos, con Tuxpan, con mi papá. No pude evitar pensar que sus cenizas las arrojamos al rio de Tuxpan a bordo de un bote, y esto seguro que algo tuvo que ver en que yo estuviera aquí. Lo puedo oler, lo puedo sentir, en cada campanada, en cada silbato que da órdenes, en cada sonido de la estampida del oleaje contra el casco del buque.


Hoy también fue un día de ver, saber y reafirmar. Ninguna despedida es tan dura como la despedida de un barco, con la nostalgia que produce un muelle y un adiós que se desvanece lentamente con aguas de por medio. Mamá estuvo allí, como siempre.  Me despidió sola, pero con mi papá a su lado, también allí lo pude sentir. Viendo a su hijo partir en un buque naval, acompañada de una embajadora y un cónsul de México en un país tan extraño como ajeno, y con una bandera de México en su mano. Una escena nunca imaginada por mi y mucho menos por ella. Me dio la bendición y me fui. Me llevó mi guitarra, mis cigarros y un adaptador de enchufes. La despedida me recordó que de manera directa ella solo me tiene a mi y yo solo la tengo a ella. Lo demás son relaciones cercanas, cercanísimas quizás, pero no directas.


Ni el desvelo de ayer hizo mella en mi ilusión. Tras la deliciosa comida servida en la cámara de oficiales (popa), descansé 20 minutos que me parecieron dos horas. Desperté y subí a cubierta y tras disfrutar del barco como si fuera un bote propio y actuar cual niño preguntón con adultos, aproveché el ímpetu de la euforia de un primerizo a bordo para hacer ejercicio por 40 minutos. 


Reafirmé que de alguna manera, sin decirlo, mis mejores amigos como Pupilo y Raúl se hicieron presentes entre ayer y hoy. Paul también, a su manera, con una llamada perdida que no insistió y que tampoco se convirtió en mensaje pero que me dijo todo lo que que yo sé que me diría.


Y otros más que de manera directa me desearon con sus palabras un buen viaje. Sergio me habló en plural, y ya me dice que Albert es como nuestro hijo. Vaya fortuna de Albert de tener dos papás como nosotros…


Y Bernardo, que despidió a los cadetes en Cádiz y no me despidió a mi en Dubái (aunque estuvo cerca de hacerlo) hizo algo maravilloso…  con un sentido más bien poético que le desconocía (si es que algo aún le desconozco), me escribió un mensaje sensato que seguro me tuvo a mi como inspiración y a un par de whiskeys como herramienta… lo cierto es que con él he compartido más que con nadie esta experiencia náutica y por eso en la cubierta, en el mariachi, en la guitarra, en las duelas del barco, en los cadetes, en los capitanes, en la sala de almirantes, en las fotografías, es como si Bernardo estuviera a bordo. Mi amigo va conmigo, navegando, cabalgando, y haciendo camino al andar, o al navegar. Por eso es el Diplomatic Cadet.  


Morad, buen amigo, también me escribió, y eso me recordó que Pepe y Joaquín lo hicieron antes de irme a Dubái. Joaco me llamó un par de veces sin éxito porque en Dubái no se permiten llamadas de WhatsApp. Y ninguno de ellos faltó a mi despedida.  


Hoy, también, fue mi primer día sin tabaco ni alcohol luego de meses, o años.  Por eso decidí correr y hacer ejercicio por 40 minutos. Sabía que si no aprovechaba esa motivación hoy qué tan emocionado estoy, quizá mañana tampoco lo haría, marcando así mi rutina y mi futuro en el viaje. 


Lo nuevo, lo bonito, el mar, el ocaso, el buen ambiente… todo me encanta. Ni los inconvenientes propios de un buque militar con casi 40 años de antigüedad me han hecho dudar o sentirme incómodo. Para mi este barco es mi yate personal, el velero en el que recorreré mi propia travesía. Y todos quienes me lean están invitados a recorrerla conmigo…

IV. Insane | Memorias a bordo del Cuauhtémoc

  19 de noviembre   Quinto día y me he sentido bien conmigo. Haciendo mucho ejercicio. Un poco cansado y dolorido pero cada vez más acostumb...